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martes, 14 de julio de 2009

PUEBLOS FORESTALES, ATADOS A SU HISTORIA DE EXPLOTACIÓN

Cuando, avanzamos por la ruta y comenzamos a ver, a lo lejos, la enorme chimenea de ladrillos, nos da la sensación de estar llegando a otro tiempo, a otra realidad. Si seguimos recorriendo, ingresamos a un pequeño pueblo de casas bajas, de inconfundible estilo inglés, con calles de tierra, y antiguos edificios que dan cuenta de un pasado glorioso.
A medida que nos adelantamos en el pueblo, nos invade la sensación de estar viajando en el tiempo, cada cuadra recorrida nos acerca más a una realidad distinta, las calles se pueblan de fantasmas, de carros “cachapes” tirados por bueyes, de sonidos del trabajo, de aserrín. El alma se impregna de ”Quebracho”.

El pueblo se llama Villa Ana o La Gallareta o Villa Guillermina... es un pueblo taninero. Solo conociendo su historia, se puede empezar a entender y a valorar la enorme riqueza que estos pueblos del norte de Santa Fe poseen, y esta historia, siempre, indefectiblemente, está ligada a La Forestal.

lunes, 13 de julio de 2009

BREVE HISTORIA DEL HORROR

The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited fue una empresa inglesa que se instaló en Santa Fe en 1906 por una cesión de tierras que la provincia hizo (¡brillante negocio!) para saldar una deuda con otra empresa británica. La empresa explotó durante sesenta años casi dos millones de hectáreas del bosque de quebrachos más importante del planeta, que se alzaba en el Chaco austral.

Lo que quedó es un páramo incultivable, decenas de pueblos fantasmas y el recuerdo del horror en miles de argentinos y de sus descendientes. Tartagal, Villa Guillermina, Villa Ana y La Gallareta fueron sólo algunos de pueblos que fueron abandonados a su suerte.

La empresa, que del quebracho fabricaba tanino destinado a curtir cueros, llegó a tener diez mil obreros, en su mayoría hacheros, que trabajaban doce horas diarias; pagaba con moneda propia o vales que después se canjeaban en los almacenes de la propia compañía; sólo recibía órdenes de Londres, como revela un libro magnífico (‘La Forestal’, del historiador Gastón Gori); formó un cuerpo de gendarmería propia y en las altas chimeneas de sus fábricas lucía el escudo de la monarquía británica. Fue un Estado dentro del Estado.

Entre 1919 y 1922 las huelgas de hacheros a causa de la precariedad de sus trabajos fueron reprimidas salvajemente por la gendarmería de La Forestal, por el Regimiento de Infantería Nº 12 de Rosario y por bandas civiles contratadas; aquello dejó una cifra nunca revelada de muertos.

En 1963, cuando lo que había sido quebrachal se convirtió en desierto, La Forestal dejó el país y se trasladó a Sudáfrica para explotar la mimosa, cuyo extracto también servía como curtiente.